Las Niñas Tristes que Eramos, Javiera Ventura, 16 paginas

 

25-septiembre-97

"Poner las cosas en su lugar y encontrar cartas de un amor de otro tiempo y fotos viejas, vueltas amarillas, película expuesta. Perder la música y seguir el río, mientras la banda sonora entona unos violines que no paran de chillar. Sentir que la psicosis de las noches anteriores se desvanece a medida que amanece, se evapora con el sol. Sentir que perdiste el pasado y que ahora ese conjunto de anécdotas inconclusas ya no existe más, que ahora es un estarse hacia adelante, prolongarse. Olvidar la manera de besar y morder la lengua, golpear los dientes, y el paladar haciendo cosquillas, encontrar el camino enroscado hacia otro sitio, bajar por la costa y ver la espuma amarilla pegada en la arena matutina. La vergüenza que dejaste en casa del último que te vio la espalda flexible, estar tan cerca de acabar tu búsqueda, tan cerca de ese algo desconocido que se enrolla hacia el interior de tu espíritu. Decir "ven, sígueme tú a mí esta vez" y ver como suena el arpa golpeada por los pájaros estrellados, sentir que no le importas a nadie y que puedes empezar cientos de cosas a la vez, ahora sí, ahora sí ver como esos pájaros estrellados vuelven a emprender su trayectoria y se elevan en una vertical que desafía la gravedad directo entre las nubes, morir quemado, arder con las posibilidades. No tener nadie quien escuche esa pesadilla que te trae de cabeza al despertar y contentarse con eso, despertar asustada en mitad de una noche incierta, con el sudor pegándote el pelo en la nuca y alegrarse por esa soledad, ese exilio buscado. Ya dejar de buscar, ya estar cerca del final y deslizarse con suavidad hacia donde sea que te llevara este último barco. El verdugo no se volteará, en la popa, mira de frente entre la tiniebla algo indefinible, y tú te le escabulles nadando en dirección opuesta, vas a ese sitio del que sabes que vienes, pero que ya no recuerdas, nunca tuviste recuerdos del en realidad.
Entonces te lanzas al agua turbia y nadas con fuerza, tienes los brazos acalambrados, pero sigues y esperas que todo vuelva a su sitio, a tener sentido una vez que llegues a ese lugar que alguna vez se supone conociste.
Yo te miro desde la borda, intuyo tus pensamientos y me dejo arrastrar por la embarcación hacia el infierno."