Alejandro tiene una impecable conjugación verbal, un pijama de oso de cuerpo entero, una colección de ranas y un ukelele. Los gatos se le acercan y después se le arrancan, eso sí después se devuelven. Es fotogénico por naturaleza y amante de la historia del arte. Cada noche se deja caer en los dulces brazos de la procrastinación.